La unicidad del ser

Cada individuo posee un conjunto único de experiencias personales, aunque sean gemelos genéticamente idénticos. No existe ningún ser humano en el planeta igual a otro. De esta suerte, cada persona es un ser único e irrepetible. De igual modo, el antropólogo Clyde Kluckhohn (1949) señalaba que cada persona, en cierto modo, se parece a todas las personas, en cierto modo se parece a algunas personas, y, en cierto modo, no se parece a nadie. Considero apropiada la relativamente antigua apreciación del señor Kluckhohn para entender al individuo desde la psicología.

Primeramente, siguiendo una línea descendiente de mayor a menor amplitud semántica, todos los animales utilizamos el ADN para almacenar información genética. Los vertebrados tenemos columna vertebral y médula espinal. Los mamíferos amamantamos a nuestras crías. Los primates tenemos un pulgar oponible en ambas manos y un cerebro relativamente grande y complejo. Una persona, en cierto modo, se parece a todas las demás personas en muchos aspectos; por ejemplo, todos usamos el lenguaje simbólico para comunicarnos. Existen similitudes esenciales a raíz de nuestra condición humana entre los miembros de la misma especie. Podemos concluir que, biológicamente, somos parecidos los unos de los otros.

En segundo lugar, en cierto modo, cada persona se parece a alguna persona. Es probable que algunas personas compartan el placer de pilotar un avión, tengan el pelo rizado, les gusten las matemáticas o sigan al mismo partido político. La psicología de los grupos, por ejemplo, se hace eco de esas similitudes y diferencias para su posterior análisis y comprensión. De otra manera, el desarrollo de la psicología clínica se ha fundamentado en el estudio de síntomas parecidos entre personas para definir trastornos, síndromes y demás avatares psicopatológicos. Como decía el señor Kluckhohn, podemos afirmar que en algo nos parecemos a alguien, en cierto modo.

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Más interesante resulta la tercera forma de parecernos a los demás. Paradójicamente, la de no parecernos a nadie. El modelo biopsicosocial de salud y enfermedad parece buscar ésta tercera afirmación con más teoría docente que realidad práctica. No obstante, dar importancia a las emociones y el contexto social en la salud del individuo sigue una evolución al alza. En psicología, cada vez somos más los profesionales que entendemos al individuo en su totalidad única e irremplazable, lo que facilita la comprensión y aceptación incondicional. Tratar desde la unicidad individual genera optimismo, motivación y adhesión al tratamiento en el doliente, tres aspectos que configuran los pilares básicos de una relación de ayuda exitosa.  Actualmente, con todo lo conocido, y aplicado a la psicología, no hay nada más injusto que tratar a todos por igual.


Referencias bibliográficas

Kluckhohn, C. (1949) Mirror for man. New York: Whittlesey House.

5 comentarios en “La unicidad del ser

  1. Como observo ya habitual en ti, continuas regalándonos bocanadas de aire fresco en forma de acertadas reflexiones sobre la vida misma y quienes formamos parte de ella. Gracias Jordi.
    Esta reflexión de hoy me ha llevado a escenarios en los que habitualmente tengo la suerte de acompañar a personas en esa “reconstrucción/recomposición” de algunos cachitos rotos de su vida. Y en esa afición que tenemos de compararnos con los demás, para igualarnos o diferenciarnos según nos convenga, me viene a la cabeza la árdua tarea que requiere, como agente de ayuda, acompañar a la persona tome conciencia de su unicidad; paso previo éste para que la persona pueda “activar” su “arsenal” de competencias y capacidades para salir adelante.
    Permíteme que traiga a tu magnífico blog a una autora, psicoterapeuta estadounidense, de la que aprendí bastante. Se trata de Virginia Satir y me voy a permitir colocar en este comentario su poema YO SOY YO.
    Disculpa lo extenso de mi comentario y aprovecho para enviarte a ti y a las lectoras y lectores de este blog unos abrazos fresquitos.

    Yo Soy Yo

    En todo el mundo no hay nadie como yo.
    Hay personas que tienen algo en común conmigo, pero nadie es exactamente
    como yo. Por lo tanto, todo lo que surge de mí es verdaderamente mío porque
    yo sola lo escogí.
    Soy dueña de todo lo que me concierne:
    De mi cuerpo, incluyendo todo lo que hace; mi mente, incluyendo todos sus
    pensamientos e ideas; mis ojos, incluyendo las imágenes de todo lo que
    contemplan; mis sentimientos, sean lo que sean, ira, gozo, frustración,
    amor, desilusión, excitación; mi boca, y todas las palabras que de ella
    salen, corteses, tiernas o rudas, correctas o incorrectas; mi voz, fuerte o
    suave, y todas mis acciones, ya sean para otros o para mí misma. Soy dueña
    de mis fantasías, mis sueños, mis esperanzas, mis temores. Soy dueña de
    todos mis triunfos y logros, de todos mis fracasos y errores.
    Como soy dueña de todo mi yo, puedo llegar a conocerme íntimamente. Al
    hacerlo, puedo amarme y ser afectuosa conmigo en todo lo que me forma. Puedo
    así hacer posible que todo lo que soy trabaje para mi mejor provecho.
    Sé que hay aspectos de mí misma que me embrollan, y otros aspectos que no
    conozco.
    Mas mientras siga siendo afectuosa y amorosa conmigo misma, valiente y
    esperanzada, puedo buscar las soluciones a los embrollos y los medios para
    llegar a conocerme mejor.
    Sea cual sea mi imagen visual y auditiva, diga lo que diga, haga lo que
    haga, piense lo que piense y sienta lo que sienta
    en un instante del tiempo, esa soy yo. Esto es real y refleja donde estoy en
    ese instante del tiempo.
    Más tarde, cuando reviso cuál era mi imagen visual y auditiva, que dije y
    que hice, que pensé y que sentí, quizá resulte que algunas piezas no
    encajen. Puedo descartar lo que no encaja y conservar lo que demostró que si
    encaja. E inventar algo nuevo en vez de lo que descarté.
    Puedo ver, oír, sentir, pensar, decir y hacer. Tengo las herramientas para
    sobrevivir, para estar cerca de otros, para ser productiva, y para encontrar
    el sentido y el orden del mundo formado por la gente y las cosas que me
    rodean.
    Soy dueña de mí misma,
    Y por ello puedo construirme.
    Yo soy yo y estoy bien.

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